
"¿A partir de qué a priori histórico ha sido posible definir el gran tablero de las identidades claras y distintas que se establece sobre el fondo revuelto, indefinido, sin rostro y como indiferente, de las diferencias? La historia de la locura sería la historia de lo Otro –de lo que para una cultura, es a la vez interior y extraño y debe, por ello, excluirse (para conjurar un peligro interior), pero encerrándolo (para reducir la alteridad); la historia del orden de las cosas sería la historia de lo Mismo –aquello que, para una cultura, es a la vez disperso y aparente y debe, por ello, distinguirse mediante señales y recogerse en las identidades". - Las palabras y las cosas, Michel Foucault.
Si alguien ha podido pensar y escribir sobre los mecanismos del poder y la exclusión, y ha intentado trazar esas articulaciones que se han ido produciendo a lo largo del tiempo en la cultura, ha sido M. Foucault. La historia de lo Otro, es donde se inscribe la historia de la locura, lo anormal, aquello que funciona como "interior y extraño" en una sociedad, un grupo, una "tribu". Aquello que se lo excluye encerrándolo (manicomio, prisión, campo de concentración, dentro de una idea que lo condena, da igual), exterminándolo.
Lo Otro que permite afirmarnos en lo Mismo, asegurar la propia identidad mediante el mecanismo de rechazo y repulsa de lo distinto amenazante, lo ubica como extranjero, extraño, y por su poder especular, odiado. Tensión que alimenta el corazón de lo humano cuando la diferencia es señal de peligro, entonces, hay que hacerlo "desaparecer", que pierda humanidad, que pierda su nombre, borrarlo. También es lo Mismo en su repetición, en su encarnadura de distintas formas, modos.
Hay algo de esto que movió el deseo y el acto de escribir la trilogía: Judío, Puto, Negro.
Palabras demasiado consistentes en el discurso social en distintas momentos de la historia. Nominación que ha sido en algún momento, adjetivo de lo peor. Que aún lo es, a veces. Que nos sorprende a nosotros mismo en un pensamiento cargado de prejuicios.
El azar produjo el encuentro con aquello que pulsaba en mí. El encuentro con quien sería mi amigo y con él, con su historia. La historia de un hijo. La historia de un padre.
Un hijo que en la realidad escribe retazos de la historia de su padre que nacido en Polonia ha sufrido en su adolescencia los peores campos de concentración. Que ha perdido a casi toda su familia: padres, hermanos, cuñado, sobrino. Que ha sobrevivido. Sobrevivido. Un hijo que necesita para apropiarse de su vida, hacer hablar a su padre. Y de ese hacer hablar a su padre, nació "Un Judío Polaco", espectáculo que estrené en al año 2007 y que seguimos haciendo con la compañía durante el 2008 y el 2009.
Poder escribir ese texto teatral, me llevo a investigar, a documentarme en cientos de testimonios, a leer a escritores como Isaac Bashevis Singer, Israel Yehoshua Singer, Scholem Aleijem, Art Spiegelman, Jorge Semprúm, Jean Paul Sartre, Paul Celan, el citado Michel Foucault y tantas otras "voces".
Un recorrido que no me dejó parado en el mismo lugar y que me impulsa a seguir más allá.
"Un Judío Polaco" se transformó así en la primera parte de esta trilogía. Hoy la escritura me lleva a seguir andando en ese sentido. Hoy "Puto".
Seguir haciendo hablar desde una historia singular, su encarnadura humana y no un universal que enmascara: Puto, Negro. Lo Otro.
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