
TELEMACO / SUBEUROPA
Una obra de Marco Antonio De La Parra
Una nueva dirección de Dora Milea para el Teatro Nacional Cervantes
Teo, el protagonista, ha perdido a su padre en la infancia. Ahora joven ha decidido ir en su búsqueda. Una generación que busca muy lejos lo que se encuentra muy cerca. La acción ocurre en tres lugares: América, Europa y un lugar indeterminado, la tierra de nadie. Cada personaje pertenece a uno de estos lugares. Una permanente referencia y eventual reflexión a propósito del poder, sus mecanismos y relaciones de las que pareciera emerger un casi sujeto, falto de señas de identidad y en extremo vulnerable, sin ideología, con el deseo arruinado y sin imaginario definido.
Telémaco es una obra que de la Parra escribió hace 16 años. Como sucede con los grandes autores, tiene una vigencia tal, que podría haber sido escrita ayer.
Los temas presentes en la obra son principalmente la ausencia del padre, el hogar destruido, la adicción, el abuso y el dolor de una generación que busca muy lejos lo que se encuentra muy cerca. Una permanente referencia y eventual reflexión a propósito del poder, sus mecanismos y relaciones, como categoría y realidad fundamental para la interacción y la convivencia humana.
“Los personajes se manifiestan insomnes, catatónicos, anoréxicos, bulímicos, fármaco-dependientes, alcohólicos, drogadictos, transformados, intervenidos, manipulados, etc.-, básicamente como producto de una lucha por la sobrevivencia cotidiana en la que se confía mayoritariamente en la corporalidad como camino para encontrar o rescatar aquello que llene el vacío existencial contemporáneo, siendo estos mismos cuerpos los primeros en recibir el devastador efecto del permanente fracaso de dicha apuesta. Es un abordaje a la dramaticidad desolada de fin de milenio, la que configuraría un espacio mental y emocional, individual y social, del que emergería un casi sujeto, falto de señas de identidad y en extremo vulnerable, con el deseo arruinado, sin ideología, ética ni imaginario definidos”
Descubro este material hace ya por lo menos diez años, y gracias a él me introduzco profundamente en la obra completa del autor. Me enamoro, como me pasa con algunos proyectos, y lo guardo en mi carpeta de los deseos a la espera de su momento, ya que entiendo no es un material comercial y sostengo que debe estar contenido en el marco de un teatro nacional. En el devenir de esta profesión presento la obra en el 2004 al Teatro Nacional Cervantes como proyecto a programar. En mi estadio expectante de la respuesta, el destino me lleva a Madrid –España- y coincido en tiempo y espacio, con Marco Antonio de la Parra. Le cuento mi historia con Telémaco, lo que ese material me provoca desde hace tanto tiempo y el me suma a la historia, que esta obra muchas veces (en distintos países) estuvo a punto de estrenarse y por razones “aparentemente” inexplicables siempre se postergaba.
En el transcurrir de la cálida conversación, me enorgullece decir que Marco Antonio expresa el deseo de que sea yo la directora de su obra en el caso de estrenarse en Argentina. Hoy por fin el deseo de ambos se hace realidad y Telémaco se hará escuchar rompiendo el silencio de tantos años.
El lugar que la obra nos ofrece es ése lugar que simbolizaría todos los lugares. Un lugar poético, simbólico. Un interior: el de los personajes. Podemos imaginar las paredes que acotan un espacio personal intemporal. Una puerta de salida o de entrada del nuevo yo. El único espacio que existe es el espacio poético que cobija al verbo "buscar". Estamos ante una estructura abierta y fraccionada. Sí existe una evolución dramática, pero no podemos hablar de planteamiento, nudo y desenlace al modo tradicional. La alternancia de las escenas, monólogos y diálogos marcan un ritmo concreto, y es este ritmo el que ayuda a esta evolución. No se trata pues de la dimensión temporal que miden los relojes, sino de la dimensión temporal interna de los personajes.
Dora Milea
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